Esta semana se ha confirmado la adaptación de ‘Los muertos vivientes’ (The Walking Dead) a formato televisivo, un cómic que por su estructura serializada y su gran dramatismo parecía llamado desde el principio a convertirse en serie de televisión. Y parece que el proyecto va en serio, el encargado de dirigir y escribir la primera temporada será nada menos que Frank Darabont, director de las excelentes ‘Cadena perpetua’, ‘La milla verde’ y ‘La niebla’.

En principio se rodarán seis episodios, que se corresponderán con el primer tomo recopilatorio español ‘Días pasados‘, con opción de continuidad si la cosa funciona. No me cabe duda de que así será, con un material original tan bueno y con alguien del talento de Darabont a bordo no hay lugar para el fracaso.

Estos días llega a las tiendas el noveno tomo del cómic y resulta difícil encontrar una serie que consiga convertir la llegada de cada nuevo capítulo en un acontecimiento digno de ser celebrado y su lectura en toda una ceremonia. No hay que escarbar mucho para descubrir el secreto de ‘Los muertos vivientes’. Robert Kirkman se revela desde la primera página como un narrador excepcional con esa rara capacidad para mantenerte ansioso por saber qué viene a continuación sin requerir a artimañas ni giros de guión tramposos.

Con el paso del tiempo la serie no sólo no ha perdido frescura, sino que el guionista ha sabido hacerse con el pulso narrativo a la perfección, jugando con la tensión como el que modela muñecos de plastilina, de tal modo que el lector siente pánico ante la mera idea de llegar a la última página y tener que esperar varios meses hasta la siguiente entrega.

A pesar de lo que podría sugerir su genérico título español, lo que propone Kirkman es mucho más que una historia más de zombies. Puede que en su primer tomo comience como otro tributo al zombie clásico definido por George A. Romero, pero la intención del autor va más allá, continuar la historia hasta donde las películas no pueden llegar. En ‘Los muertos vivientes’ no hay títulos de crédito, sólo un “continuará”, y eso es lo que hace tan especial el desarrollo de esta historia. Kirkman no se conforma con mostrar algo de truculencia y unas cuantas muertes inesperadas, su interés de fondo es mostrar cómo unos personajes brillantemente definidos van evolucionando de manera creíble mientras el mundo, tal y como lo conocen, se desmorona, cómo se ven obligados a revisar sus creencias y lo que hacen para aprender a separar la “vida” de la mera “supervivencia”.

Al final, lo que el cómic consigue es algo que muy pocos autores han logrado plasmar a través de una historia de muertos vivientes, usar el apocalipsis zombie para disertar sobre temas de interés universal, una fábula que nos muestra cómo en la sociedad moderna los muertos vivientes no son ellos, somos nosotros.

¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros de verdad hizo algo para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros necesitó algo de lo que quería? (…) En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir.

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