Llevaba un tiempo buscando con cabezonería unas sábanas de dinosaurios. Mejor dicho, buscando las sábanas de dinosaurios apropiadas. Porque sí, sábanas de dinosaurios hay a montones, pero todas con simpáticos estampados coloristas destinados a los más pequeños, ningunas que retraten a estos majestuosos saurios prehistóricos con la seriedad y el rigor científico que se merecen.

Al final fue precisamente en la sección de niños de Zara Home donde pude encontrar algo parecido a unas sábanas de dinosaurios en condiciones, ilustradas con dibujos de fósiles de las especies más populares. Aunque no me hace mucha gracia que les hayan colgado unos globos oculares que pretenden dar un toque desenfadado, probablemente para que a los críos no les de mal rollo mirar calaveras de dinosaurios con cuencas vacías, su representación paleontológicamente correcta de estos bichos se acerca bastante a mi idea original y su acabado sobrio imitando un dibujo a lápiz combina de maravilla con el mobiliario minimalista de color blanco que tengo en la habitación, así que con una sonrisa en los labios saqué la cartera y di la lastimosa búsqueda por concluida.

No ha sido especialmente embarazoso tener que acudir al catálogo infantil para encontrar unas sábanas que en realidad son para mí, puesto que la sección estaba llena de padres buscando cosas para sus retoños, pero sí me ha impactado lo rematadamente feas que son las sábanas “de adulto”. Y es que, por si no tuviera ya bastante claro que hacerse mayor es una putada, un vistazo rápido a esos textiles lisos de colores pastel o, como mucho, con motivos florales estampados, fue suficiente para sumirme en una poderosa crisis existencial que me duró el resto del día.

Las sábanas molonas para mayores son un nicho de mercado que no parece ser muy rentable y después de recrearme con las tendencias del mercado solo puedo imaginarme la vida adulta como una muerte en vida que solo concibe la cama como un instrumento para gozar de un descanso vacío entre jornadas de trabajo alienante y donde tal vez consumar con éxito una cópula conyugal de vez en cuando. Sábanas anodinas para gente muerta por dentro.

Pero yo por más que miro mis fabulosas sábanas de dinosaurios no consigo ver qué hay de infantil en ellas, al margen de que probablemente hayan sido confeccionadas por unos pobres niños explotados en algún país tercermundista cuyo nombre nunca podría pronunciar correctamente. Los huesos de estos seres pretéritos han estimulado la imaginación de millones de personas a lo largo de la historia y resulta fascinante evocar mentalmente cómo fue su reinado sobre la Tierra, fantasear sobre su misteriosa desaparición o, mejor aún, sobre un inesperado retorno. Sin embargo, parece que la gente de 20 años para arriba no tiene tiempo, interés ni energías para estas cosas. Uno tiene que tener los pies en el suelo y centrarse en las cosas importantes, en problemas reales. Y para esa gente existen las putas sábanas de color malva, claro que sí.

Creo que por esto se extinguieron los dinosaurios. Se hicieron adultos. De pronto ya solo podían pensar en su jefe, en los impuestos, en el presidente del gobierno o en los árbitros. Dejaron de ser terribles, de ser maravillosos. Su existencia dejó de tener sentido y desaparecieron. Se murieron de aburrimiento.

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